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Juventud: la clave del desarrollo rural colombiano

REPORTAJE DE LA SEMANA

Bogotá, 1° de febrero de 2013.- Según el Censo General de Población en Colombia, son más de diez millones los jóvenes entre los 15 y 29 años de edad, lo que corresponde al 26,2% de la población del país; de éstos, más de dos millones viven fuera de las cabeceras municipales, por lo que son considerados como habitantes rurales, siendo a la vez la cuarta parte de las personas que habitan el campo.

Toda la situación en la que se desarrollan los jóvenes del campo y las necesidades a las que se ven sometidos, hace que se requieran políticas públicas, programas y proyectos estratégicos para que este tipo de población sea fuente de desarrollo en comunidades rurales.

“Ellos conforman un factor clave dentro de cualquier estrategia de desarrollo rural; a pesar de eso su atención educativa  es deficiente”, informó en su última visita a nuestro país, Rafael Mesén, gerente de Juventudes de Costa Rica y formador de grupos juveniles en América Latina.

El informe ‘Algunos datos sobre juventud rural en América Latina y Colombia’ (2010), hecho por la Organización Procasur –con sede en Chile y dedicada a la gestión del conocimiento entre personas vinculadas a proyectos de desarrollo– revela que mientras en el rango de 12 a 17 años los niveles de asistencia a clases en las zonas urbanas alcanzan un 81,5%, la cifra para jóvenes rurales alcanza el 61,3%, mientras que la no asistencia llega al 35,7%.

Entre tanto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), calcula que en los municipios de alta ruralidad la tasa de cobertura bruta en educación media es del 27,5%.

Mesén compartió en su visita, con el equipo del programa Jóvenes Rurales Emprendedores del SENA, algunas reflexiones. “No hay una diferenciación en la educación público-privada que responda a las necesidades de todos y cada uno los jóvenes”, dijo el experto centroamericano.

Por eso, para entender la desigualdad en el  acceso a la educación, a las oportunidades y a las tecnologías, así como el desempleo al que se ven sometidos y que inhiben el desarrollo y amplían las brechas entre urbanos y rurales, Mesén realizó caracterizaciones de los tipos de juventudes rurales que hoy en día habitan el continente; para cada una propone una política pública diferencial de atención para obtener mejores resultados en los procesos de formación.

El experto mencionó la existencia de cinco bloques de juventudes en los campos: los estudiantes; los asalariados con tendencia a la proletarización –lo que genera pobreza–; las mujeres trabajadoras, sin pago, del hogar –que genera discriminación  económica y educativa–;  los trabajadores familiares sin pago –varones que laboran en las fincas de sus padres sin recibir remuneración-; y, finalmente, los emprendedores –hijos de padres que los empoderaron cediéndoles tierras y bienes–.
 
“En el caso del programa Jóvenes Rurales Emprendedores de Colombia, que atiende a población rural entre 16 y 35 años y población vulnerable del Sisbén, en los niveles 1 y 2,  hasta el momento uno de los mayores impactos se da en las personas entre los 26 y 35 años, quienes generalmente tienen a cargo una familia”, explicó Gloria Estela Gómez Cuartas, coordinadora nacional del Programa.

Fedesarrollo evidenció en 2009 que Jóvenes Rurales Emprendedores mejora las condiciones de empleabilidad, ya que 62% de los beneficiarios afirma que lo aprendido en el curso de formación ha servido para mejorar sus condiciones laborales.

Para hacer frente a los desafíos que imponen estos jóvenes rurales, a través de su estudio,  el  experto costarricense Rafael Mesén propone varias etapas a tener en cuenta para brindar atención especial que responda a las necesidades de estas tipologías de juventudes. 

Es así como “a través de mesas de trabajo con 40 líderes de este programa en todo el país,  se caracterizaron aquellos jóvenes que habitan en el campo colombiano; el objetivo fue identificar el tipo de poblaciones existentes y, para cada una de ellas, la ruta de atención diferencial”, aseguró Gómez.

En el ejercicio realizado se evidenciaron los siguientes resultados: el 27% de los jóvenes en el campo colombiano son estudiantes, el 24% son asalariados, el 16% corresponde a las mujeres que ayudan en labores del hogar pero que no tienen pago, el 8% son trabajadores familiares sin pago, el 10% son emprendedores, el 3% discapacitados y el 13% pertenecen al Programa Red Unidos del Gobierno Nacional.

Estrategias para el empoderamiento de la juventud rural

“Las políticas públicas de juventud en Latinoamérica se basan en mapas que existían antes de la globalización y que no responden a las necesidades actuales. Aunque los contextos de los países son diferentes, en todos los casos los jóvenes se fragmentan una vez salen de la niñez y se invisibilizan. Las brechas se amplían, los problemas de tipo social aumentan porque se cree que los jóvenes rurales son sólo de un tipo y que todos requieren lo mismo”, indicó Mesén.

Para el especialista, la juventud del campo no puede seguir siendo invisible y, para ello, los jóvenes deben reconocerse a sí mismos y apropiarse de su territorio. “La institucionalidad debe provocar la articulación de los jóvenes en su entorno para que ellos se sientan libres, se encuentren y puedan reconocer sus diferencias. Se requiere tener una visión sistémica del proceso para que se articulen acciones orientadas a la visibilización”.

“Para que estos jóvenes se articulen podemos recurrir a instancias como la asociatividad; desde allí los podemos convocar, no sólo para reunirlos sino para que encuentren oportunidades de negocio y se reconozcan como actores sociales de su comunidad”, agregó.

El experto también propuso que los muchachos comprendan que hay ventanas de oportunidad y que tienen que identificar sus diferencias, así como reconocer su ciudadanía, elevar la autoestima y aprender a trabajo en equipo. “Muchos jóvenes no tienen la oportunidad  de hacer escuela segundaria y llegan a los programas del gobierno sin habilidades para la vida o capacidades blandas”.

Otra estrategia es la que él denomino Plan de Gestión juvenil, etapa de la demanda inteligente de servicios institucionales por parte de los jóvenes organizados. “Este es el inicio de la gestión institucional que debe tomar en cuenta las juventudes del campo diferenciadas”, puntualizó.

En esta etapa el SENA, a través de su programa Jóvenes Rurales Emprendedores, trabaja en la creación de  una red de cooperación para juventudes rurales en Colombia y en América Latina.

Jóvenes Rurales Emprendedores apoya con componentes de formación técnica y comercialización; posteriormente busca su vinculación a una unidad de emprendimiento para su fortalecimiento y  acceso a fuentes de financiamiento.

SENA presente: Jóvenes Rurales Emprendedores

El PNUD reconoce la importancia de generar redes sociales de información y conocimiento para la  población rural, en especial para los jóvenes, como una estrategia de combate a la pobreza, centrada en la inclusión económica, social y política.

“A partir de este panorama, el programa Jóvenes Rurales Emprendedores –que hace parte de la política pública del Gobierno Nacional– responde a las necesidades con el impulso de procesos de formación para el trabajo y el emprendimiento, además del liderazgo en la articulación para una atención verdaderamente integral”, explicó la Coordinadora Nacional del Programa, Gloria Estela Gómez Cuartas.

El programa del SENA tiene una propuesta de mejora continua a través de los lineamientos del Sistema Integrado de Gestión ‘Calidad con calidez’, que se implementa actualmente.

“Vamos a hacer alianzas público-privadas efectivas; vamos a lograr pertinencia en los programas de formación. Como tercer reto le apostamos a los agronegocios para que se visibilicen y tengan mejores oportunidades de comercialización a través de alianzas”, agregó Gómez Cuartas.

La funcionario dijo que además que “no es lo mismo vender un producto en fresco que con valor agregado e innovación”. Para el programa Jóvenes Rurales Emprendedores, como respuesta a la necesidad, es importante tener presente la calidad, las buenas prácticas, la pertinencia de la formación y la mejora continua.

Mediante la participación de la juventud rural en unidades productivas sostenibles, el SENA contribuye al empoderamiento de los jóvenes como actores sociales activos de su comunidad.
 
mmq/agf/ss

 

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